Clases de invernaderos y cuál elegir [Guía]

Elegir un invernadero no es solo decidir qué estructura va a cubrir tu cultivo. Es decidir qué temperatura, qué humedad y qué cantidad de luz va a recibir cada planta durante todo el año. Cada zona de España tiene un clima distinto, cada cultivo tiene unas exigencias distintas, y por eso existen tantas **clases de invernaderos** diferentes: cada una está pensada para resolver un problema concreto.

En Nogales de Aragón trabajamos a diario con estructuras de protección de cultivo, tanto en nuestro propio vivero en Ontinar de Salz como asesorando a quienes están empezando una plantación. En este artículo repasamos los **diferentes tipos de invernaderos** que existen, sus características, cuándo conviene cada uno y qué sistemas de calefacción se pueden instalar en cada caso.

¿Qué es un invernadero y por qué existen distintas clases?

Un invernadero es una estructura cerrada, cubierta con un material translúcido (plástico, policarbonato o vidrio), diseñada para crear un microclima controlado alrededor del cultivo. Ese microclima protege a la planta del frío, del viento, del exceso de sol o de la lluvia, y permite alargar la temporada de producción mucho más allá de lo que el clima exterior permitiría.

La razón por la que existen tantas clases de invernaderos no es estética, es funcional. La forma del techo determina cómo se evacua el agua de lluvia o la nieve. La altura y el volumen de aire interior determinan cómo se distribuye la temperatura. La orientación y la pendiente del techo afectan a cuánta luz entra y en qué momento del día. Por eso, antes de hablar de cuál es «el mejor invernadero», hay que hablar de cuál es el mejor invernadero para tu clima, tu cultivo y tu presupuesto.

Las clases de invernaderos se pueden organizar según tres criterios principales: la forma de su estructura, el material de la cubierta y el nivel de tecnología que incorporan. Vamos a repasarlos uno por uno.

Invernadero tipo capilla, el clásico que nunca falla

El invernadero capilla, también llamado invernadero a dos aguas, es probablemente el modelo más reconocible y más extendido en climas templados y fríos. Su techo tiene forma triangular, con dos faldones inclinados que recuerdan al tejado de una casa tradicional. Esa inclinación no es casual: facilita enormemente el deslizamiento del agua de lluvia y de la nieve, evitando que se acumule peso sobre la cubierta.

El invernadero tipo capilla suele construirse con estructura metálica galvanizada y cubierta de plástico, aunque también se fabrica en versiones de policarbonato o vidrio para proyectos de mayor inversión. Su sencillez constructiva lo hace muy fiable, fácil de mantener y relativamente económico de instalar, sobre todo en su versión de capilla individual.

Existe también el invernadero tipo capilla modificado, una variante que introduce mejoras sobre el modelo clásico: mayor altura en los laterales, ventilación cenital ampliada o refuerzos estructurales para soportar mejor el viento y la carga de nieve. Esta versión modificada es habitual en explotaciones que necesitan un mejor control climático sin renunciar a la sencillez y fiabilidad del diseño original.

¿Cuándo conviene un invernadero capilla?

Es una opción muy sólida para climas con inviernos fríos, lluvias frecuentes o nevadas, como ocurre en buena parte del interior de Aragón. Es también la elección habitual cuando se busca un buen equilibrio entre coste de instalación y prestaciones.

Invernadero tipo gótico, más altura y mejor resistencia al viento

El invernadero tipo gótico es una evolución directa del modelo capilla. Mantiene la lógica de un techo a dos aguas, pero sustituye las líneas rectas por un arco apuntado, similar al de las catedrales góticas, que da nombre a este modelo.

Esa forma ojival tiene varias ventajas técnicas importantes. En primer lugar, aumenta el volumen de aire interior, lo que ayuda a estabilizar mejor la temperatura y reduce los picos de calor durante las horas centrales del día. En segundo lugar, mejora la distribución de la luz dentro del invernadero, evitando zonas de sombra que sí pueden aparecer en estructuras más angulosas. Y en tercer lugar, su geometría curva le da una resistencia mecánica superior frente a vientos fuertes, ya que reparte mejor las cargas sobre toda la estructura.

¿Cuándo elegir un invernadero tipo gótico?

El invernadero gótico es una opción especialmente recomendable en zonas con vientos intensos o en cultivos que requieren una temperatura interior muy estable, como ciertos cultivos hortícolas de alto valor o viveros de planta joven, donde las oscilaciones térmicas pueden ser muy perjudiciales.

Invernaderos tipo túnel, la opción más versátil y económica

Los invernaderos tipo túnel, también llamados macrotúneles, son estructuras semicilíndricas formadas por arcos metálicos que van de un lateral a otro, cubiertos con plástico o malla. Es, con diferencia, uno de los modelos más utilizados a nivel mundial, y no es casualidad: son económicos, rápidos de montar y se adaptan bien a casi cualquier tipo de terreno.

Dentro de esta familia, el multitúnel merece una mención especial. Consiste en varios túneles unidos entre sí lateralmente, lo que multiplica la superficie útil sin perder las ventajas del modelo individual. El multitúnel facilita la mecanización del trabajo agrícola, permite instalar sistemas de climatización más sofisticados y es la base sobre la que se construyen muchos de los invernaderos de alta tecnología que se ven hoy en explotaciones profesionales.

La curvatura del túnel también tiene una ventaja poco conocida: reduce la condensación interior en comparación con techos planos o muy angulosos, ya que el agua tiende a deslizarse por la superficie curva en lugar de acumularse en gotas que caen sobre el cultivo.

Invernadero tipo parral y raspa y amagado, los gigantes del sur

tipos de invernaderos; invernaderos raspa y amagado

Si has viajado por el Campo de Cartagena, por Murcia o por Almería, seguramente has visto kilómetros de plástico blanco cubriendo el horizonte. Esa imagen tan característica corresponde, en su mayoría, a dos clases de invernaderos muy relacionadas entre sí: el invernadero tipo parral y los invernaderos de raspa y amagado.

Ambos modelos comparten una misma base constructiva: una red de postes metálicos verticales conectados entre sí mediante alambre galvanizado, sobre la que se fija la cubierta de plástico o malla. Es un sistema de construcción muy económico para la superficie que cubre, lo que explica su enorme extensión en el sureste español.

La diferencia entre ambos está en el techo. El invernadero parral, típico de la región de Murcia, tiene una cubierta prácticamente plana, con muy poca pendiente. Esto lo hace especialmente resistente al viento, ya que ofrece menos superficie de resistencia, pero a cambio evacúa peor el agua de lluvia.

Los invernaderos raspa y amagado, característicos de Almería, introducen más ángulo en la cubierta, alternando partes más altas (la «raspa») con partes más bajas (el «amagado»). Esa alternancia facilita la evacuación del agua y mejora la ventilación natural, a costa de una construcción algo más compleja que la del parral.

CaracterísticaInvernadero parralRaspa y amagado
Inclinación del techoMínima, casi plano
Moderada, alternando alturas
Resistencia al vientoMuy altaAlta
Evacuación de agua de lluviaLimitadaBuena
Coste de construcciónBajoMedio
Zona típica de usoMurciaAlmería

Diente de sierra y otras variantes según la ventilación

Existen otras clases de invernaderos menos extendidas que el resto, pero igualmente importantes según el clima donde se ubique la explotación. El invernadero diente de sierra está compuesto por varios módulos asimétricos con techos inclinados, dispuestos de forma escalonada. Ese diseño permite abrir grandes superficies de ventilación cenital en los puntos altos de cada módulo, generando una ventilación natural muy eficiente sin depender de equipos motorizados. Es una solución habitual en climas cálidos, donde el principal problema no es el frío, sino el exceso de calor acumulado en el interior.

Tipos de cubierta: plástico, policarbonato o cristal

Más allá de la forma de la estructura, el material de la cubierta es la otra gran variable que diferencia las clases de invernaderos. Cada material tiene un comportamiento distinto frente a la luz, el aislamiento térmico y la durabilidad.

MaterialCosteAislamiento TérmicoVida útilTransmisión de Luz
Plástico (polietileno)BajoMedio2-4 añosBuena
PolicarbonatoMedio-altoAlto10-15 añosMuy buena
Cristal (vidrio)AltoAlto25+ añosExcelente

El plástico de polietileno es el más utilizado en invernaderos de túnel, parral y raspa y amagado, precisamente por su bajo coste y su facilidad de instalación, aunque requiere sustitución periódica porque se degrada con la radiación solar.

El policarbonato es un material rígido y prácticamente irrompible, con una capacidad de aislamiento térmico muy superior al plástico convencional. Es habitual en invernaderos tipo capilla o gótico de gama media-alta, especialmente en zonas con inviernos fríos.

El cristal, por su parte, sigue siendo la opción de referencia en invernaderos de alta gama, especialmente en el norte de Europa. Ofrece la mejor transmisión de luz de todas las opciones y una vida útil muy larga, aunque su coste inicial y el riesgo de rotura por granizo son sus principales inconvenientes.

Tipos de calefacción para invernaderos según la inversión y el clima

clases de invernaderos

Una de las decisiones más importantes a la hora de gestionar un invernadero, especialmente en zonas con inviernos fríos como buena parte de Aragón, es elegir bien el sistema de calefacción. No todos los cultivos necesitan el mismo aporte de calor, y no todos los presupuestos permiten la misma tecnología.

Calefacción por aire caliente (generadores de aire): Es el sistema más extendido en invernaderos medianos y grandes. Funciona mediante generadores que queman gasóleo, gas o biomasa y distribuyen el aire caliente a través de mangas de polietileno perforadas. Es relativamente económico de instalar, aunque su eficiencia depende mucho del mantenimiento de los conductos.

Calefacción por agua caliente (tuberías radiantes): El calor se genera en una caldera central y se distribuye mediante tuberías de agua caliente que recorren el invernadero, normalmente a nivel del suelo o entre las filas de cultivo. Ofrece una distribución de temperatura mucho más homogénea que el aire caliente, aunque la inversión inicial es mayor.

Calefacción geotérmica: Aprovecha el calor estable que existe en el subsuelo a pocos metros de profundidad para climatizar el invernadero a través de un sistema de bombeo de calor. Es una de las opciones más sostenibles y con menor coste operativo a largo plazo, aunque la inversión inicial en la instalación es considerablemente más alta.

Calefacción por biomasa: Utiliza residuos vegetales, pellets o astillas de madera como combustible. Es una alternativa cada vez más valorada en zonas agrícolas y forestales, donde el combustible puede obtenerse de forma local, reduciendo costes de transporte y aprovechando recursos del propio entorno rural.

Pantallas térmicas y dobles cubiertas: No son sistemas de calefacción en sí mismos, sino soluciones de aislamiento que reducen la pérdida de calor durante la noche. Combinadas con cualquiera de los sistemas anteriores, mejoran notablemente la eficiencia energética del conjunto.

Sistema de calefacciónInversión inicialCoste Operativo
Distribución del calor
Aire CalienteMediaMedia-altaIrregular
Agua CalienteAltaMedia
Muy Homogénea
GeotérmicaMuy altaBajaHomogénea
BiomasaMedia- altaBajaMedia

La elección del sistema de calefacción está directamente relacionada con la gestión del resto de recursos del invernadero, especialmente el agua. Una buena planificación térmica reduce el estrés hídrico de las plantas y permite optimizar el riego según la temperatura real del cultivo. Si quieres profundizar en cómo gestionar el agua de forma eficiente, en nuestro artículo sobre tipos de riego y gestión eficiente del agua explicamos cómo combinar la automatización del riego con sensores de humedad para maximizar el rendimiento de cualquier instalación agrícola, incluidos los invernaderos.

Invernaderos de baja y alta tecnología

Más allá de la forma y el material, las clases de invernaderos también se diferencian por su nivel tecnológico, siendo dos formas de entender el cultivo protegido. En un extremo están los invernaderos de baja tecnología, estructuras sencillas, a menudo cubiertas con malla de sombreo, que protegen el cultivo del exceso de sol, del granizo o de ciertas plagas, pero sin modificar drásticamente la temperatura interior. Son soluciones económicas, habituales en explotaciones pequeñas o en cultivos que no requieren un control climático muy preciso.

En el otro extremo están los invernaderos de alta tecnología, normalmente de tipo multitúnel o de cristal, equipados con sensores de temperatura y humedad, sistemas de fertirrigación automatizada, ventilación motorizada y control digital del clima. Estos invernaderos permiten ajustar las condiciones interiores casi en tiempo real, lo que se traduce en cosechas más predecibles y de mayor calidad, a cambio de una inversión y un mantenimiento considerablemente mayores.

Cómo elegir entre las distintas clases de invernaderos

No existe un invernadero «mejor» en términos absolutos. Existe el invernadero más adecuado para tu situación concreta. Antes de decidir, conviene responder a tres preguntas:

¿Qué clima predomina en tu zona? Si hay nieve o lluvias intensas, los modelos con techo inclinado (capilla, capilla modificado o gótico) son más seguros que los de techo plano. Si el problema es el viento, el parral y el raspa y amagado están específicamente diseñados para resistirlo.

¿Qué cultivo vas a proteger? Los cultivos de alto valor o muy sensibles a las oscilaciones de temperatura se benefician de estructuras con mayor volumen de aire interior, como el gótico, y de sistemas de calefacción más estables, como el agua caliente o la geotermia.

¿Cuál es tu presupuesto, tanto de instalación como de mantenimiento? Un túnel o un multitúnel ofrecen una excelente relación entre coste y prestaciones para empezar. Un invernadero de cristal con calefacción geotérmica es una inversión a largo plazo que solo se justifica en explotaciones de alto valor añadido.

En Nogales de Aragón, llevamos años acompañando a agricultores y aficionados en decisiones de este tipo, siempre partiendo de las condiciones reales del terreno y del cultivo, no de soluciones genéricas. Si tienes dudas sobre qué estructura conviene a tu proyecto, no dudes en consultarnos.

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